lunes, 8 de enero de 2018

Con Antonio Cabrera, una extraña hermandad

  Sí, una extraña hermandad es la que vive el lector de poesía con aquellos poetas cuyos textos, además de inspirarle una profunda admiración, además de emocionarle, le llevan a la sorpresa inexplicable de la identificación. Hablo de una identificación en planteamientos que una, a veces, ni siquiera era consciente de haberse hecho. Ya sé es raro, es una extraña hermandad. No escribimos igual y, sin embargo, cuánto de mi manera de sentir el mundo me desvela el poema ajeno. Es difícil de explicar, pero eso que ocurre muy de vez en cuando, con muy pocos poetas, es lo que me ocurre con gran parte de la poesía de antonio Cabrera. Por ejemplo, con el poema que aquí reproduzco para celebrar los progresos de su recuperación. Así que, en vez de decir públicamente "bravo, sigue así", compatiré con quien quiera asomarse a esta ventana un ejemplo: uno de esos poemas.

(Extraído del libro La estación perpetua, Premio Loewe)

miércoles, 3 de enero de 2018

10 años de Igual que lava oscura

    El libro salió el año que estuve viviendo en Inglaterra, aunque había sido escrito antes. Trata todo él un único tema separado en cuatro partes, esto es, en cuatro causas del miedo distintas que no se mencionan, pero cuyo sentido se va desprendiendo de la lectura de cada parte (e realidad, la parte I trata del miedo a la caducidad de las cosas: el tiempo;  la segunda a la soledad, pero entendida como incomprensión; la tercera está dedicada a lo desconocido y la última al dolor.
   Es este, tal vez, mi libro preferido y creo que el que pasó más desapercibido. Así que me  he propuesto rociar esta ventana a lo largo del 2018 con algunos poemas del libro.
   Empezaremos por el poema introductorio, no pertenece a ninguna de las partes porque, en realidad, es de todas y contiene el nombre del libro. Intenta avisar al lector del asunto de las páginas que siguen:


                        EL MIEDO

       Como el tiempo,
       que se arrastra imponente
       igual que lava oscura,
       así es el miedo:
       temblor ue nos posee como a objetos
       y nos decide suyos un instante.

       Como el tiempo es el miedo, como lava,
       como sombra de hielo
       que nos hace más solos
       y nos vuelve los hombros vulnerables:

       un enigma callado que arremete
       y se disfraza a veces de evidencia.

Barry Hilton

domingo, 24 de diciembre de 2017

¡FELIZ NAVIDAD 2017!

¡Voy a hacer algo nuevo. Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares
desolados. Me honran los animales salvajes (Is. 43,19-20)



Pone mi hermano Ignacio
un río diminuto.
Senderos de serrín se desperezan
sobre un puente de yeso: un camino.
Ovejas y carneros hacia el puente
sortean las rocallas y el molino.
Herodes, a lo lejos, sin moverse;
polluelos van llegando ya, en racimos,
a la luz que ha dispuesto en el pesebre
y que está iluminando justo un sitio.
Bajando una colina que es de corcho,
hay camellos que intuyen lo impreciso;
y una mula y un buey y unos ratones
se cobijan en manso regocijo.
No sabe Ignacio que alza cada año,
al disponer las bestias hacia el Niño,
un misterio de Dios que no se agota:
los símbolos remotos de otro símbolo.





Domenico Ghirlandaio






sábado, 4 de noviembre de 2017

Palabras

 

   "Hay palabras que, más que decir, dejan oír, esas son las que busco". 

    Esto escribe José Mateos en su reciente libro Un mundo en miniatura.  Y yo me apunto a esa batida.


Paolo Uccello




jueves, 2 de noviembre de 2017

Refundición o redefinición

     He tenido esta ventana, digamos que, con los visillos echados durante los meses en los que releía e inerpretaba el concepto de tradición en Eliot o la técnica de la alusión literaria. Me decido a asomar a ella hoy, al hilo de esas ideas, una verdad que me es más verdadera precisamente este día, el de los difuntos (en realidad no tenía por qué, será cosa de mis asociaciones de ideas). Se trata de unas palabras recién leídas en Las olas muertas de Enrique Baltanás:

               "La poesía es un alma cargada de pasado"


Gianfilippo Usellini

domingo, 24 de septiembre de 2017

Baudelaire y Munárriz


FLORES IGUAL DE FRESCAS


Las flores del mal. Charles Baudelaire
Versión de Jesús Munárriz. Ed. Bilingüe. Colección Poesía Hiperión, 700.
Madrid, Hiperión, 2016


Traducir y publicar de nuevo un hito de la literatura contemporánea (el propio traductor-editor de esta versión ha contado una veintena de versiones en el mercado ) tiene mucho de declaración de principios. De las dos páginas que, a modo de breve epílogo final, cierran el volumen pueden inferirse precisamente algunos de estos principios, a la vez que el interés por esta nueva traslación a nuestra lengua de la obra cumbre de Baudelaire. 


Las flores del mal, por ser el reconocido punto de inflexión de la Edad Contemporánea de la poesía, tenía que estar en el catálogo de Hiperión. En ese sentido, misión cumplida y cumplida con excelencia. La obra de Baudelaire es el texto de partida de prácticamente toda la poesía occidental del siglo XX, la primera que incorpora la ciudad como ámbito central del poema lírico y la primera en sentar de una vez por todas, y ya definitivamente, que el concepto de belleza aplicado al arte es, cuanto menos, un malentendido.  Por otro lado, esta nueva versión de la obra supone implícitamente una concepción muy determinada de lo que significa la traducción en el campo de la recepción de las ideas estéticas, esto es, postular que también las traducciones de una obra puedan ser tan hijas de su momento histórico e ideológico como lo son las propias obras originales, lo cual es una cuestión no baladí. Las traducciones se llevan a cabo para los nuevos lectores y de algún modo responden al momento estético en el que han sido hechas, de la misma manera que los textos originales han de ser juzgados primeramente por sus aportaciones al momento en que aparecieron por primera vez, aunque el tiempo y las sucesivas lecturas los enriquezcan y los acaben poniendo en su lugar.

Se opta en esta versión por el respeto al metro original. El hecho está no solamente justificado, sino también recomendado por el formalismo clásico de Las flores del Mal que tanto contrasta con el carácter subversivo de sus temas y que constituye uno de los sellos fundamentales de la obra. Se acoge sin embargo al verso blanco, elección que ya había hecho Luis Martínez de Merlo en su traducción de 1991. El criterio, naturalmente, fue distinto en 1948, fecha en que la argentina Nydia Lamarque dio a la imprenta una versión (la primera en nuestra lengua de la obra completa) que respetaba incluso la rima de las estrofas del francés. Eran otros tiempos. 

Munárriz prefiere también seguir la estructura de la edición francesa de 1861, por considerarla la más completa revisada en vida de su autor, pero, para completar el conocimiento total de la obra, añade después los seis poemas censurados en el texto original de 1957 así como los poemas que parecían completar la totalidad de la obra y que fueron añadidos por los editores inmediatamente posteriores. La versión que presentamos enriquece, además, esta publicación con un útil índice de nombres. 

Es importante señalar que esta traducción ofrece, en cuanto a la sintaxis y a los giros lingüísticos, una frescura que, precisamente por su ligereza, resulta más fiel al texto de Baudelaire para el lector de nuestros días. Que opte por actualizar “esplín”, sustituyendo el extranjerismo spleen habitual en versiones anteriores, puede ser un rasgo muy significativo del tono que alienta esta edición.

 En las traducciones poéticas siempre se juega con efectos de matiz, la cuestión está en acertar con ellos, como es el caso. Cuando se trata de acercar al lector de nuestros días esa mezcla de ritmo convencional y desparpajo insólito que hicieron grande una obra como la que tenemos entre las manos, estos matices resultan fundamentales.



Inmaculada Moreno 
(Publicado en n. 3 de Pliegos Sueltos de la Academia, mayo-2016)

F. Kupka



jueves, 27 de julio de 2017

Lo que son las cosas

 Resulta que anda una releyendo los versos de aquí abajo y por la tarde se encuentra con el óleo que retrata al padre del autor mencionado en el poema (el segundo por la izquierda, algo más abajo), cuando participó en la Conferencia de Somerset House, aquella que firmó la paz de la Guerra anglo-española de 1585-1604. Los de la fila de la izquierda, los españoles; los de la derecha, los ingleses. ¿Sería ese sepulcro el que visitaba su hijo en el poema? ¿Moriría alguno de los dos "por esos ojos"? Apuesto a que no.

EL POETA JUAN DE TASSIS DESCRIBE LOS SEPULCROS


Vencido queda el arte del deseo
en lugar de mi vida.
Necesario es que ordene las monedas
para la eternidad, ya que tan sólo
me queda contemplar cuanto se extingue
para bien de las literaturas,
de su hojarasca errante. Y es un don,
sobre todas las cosas, no hallar miedo
en aquella palabra que se dijo
con cierta frialdad, de igual manera
que en las losas que miro los nombres permanecen
por mano del oficio, lo que es sólo
noticia de una escasa devoción,
pero no falso en arte.
A ser morir, morir por esos ojos
en este escrito al menos. La tristeza
de no conmemorar cuanto he perdido, como destino
dudosamente expreso en las estrellas
de esta noche indistinta, dispone ya su herencia,
su tributo, ante mí.
Si algo con luz se da, lleve al conocimiento
del esplendor y de una farsa antigua:
se hace tarde la vida, y es un azogue en blanco,
y muy lento es vivir, y es la tiniebla.
Caído sobre el trono de la muerte,
discurso hace el temblor de cuanto amaba.

               (Felipe Benítez Reyes)

De firma apócrifa en la National Portrait de Londres