viernes, 5 de agosto de 2016

Letteren Bibliotheek

   Las escaleras que frecuento estos días me recuerdan, pese a no ser subterráneas, pasadizos inhóspitos del metro. Los pocos que las transitan se mueven como enajenados o autistas. Inexpresivos, jamás saludan, jamás cruzan la mirada entre ellos. 
   Por otro lado, las plantas que comunican estas escaleras son de una simetría que las vuelve prácticamente idénticas (las puertas que les dan entrada solo difieren en un par de palabras, a las que apenas alcanza la vista, en una lengua que no entiendo). He sabido con el tiempo que las pequeñas fotos en ellas, buscadamente familiares de personas que ya no pueden estar vivas, no son las mismas.  Un día llegué a estar más de dos horas en una sala y no supe que no era la que creía hasta que me levanté a buscar un libro en las estanterías: me había equivocado de piso. Quienes allí se sientan conmigo, no hacen ruido alguno, parecen envueltos en una campana de vacío invisible. Todos son sombras casi inmóviles y en número tan escaso como el de cualquiera de las otras plantas. Las librerías forman largos pasillos equivalentes a cuyo inicio puede verse una combinación de letras levemente variable: LLL, LHL...
   Desde el primer día he pensado  que me sumerjo casi a diario en aquella zona que el personaje de Borges nunca encontró en la Biblioteca de Babel, aquella en la que sus inmortales bibliotecarios han ido apartando los volúmenes a los que el azar había conferido alguna clase de sentido.


Erik Desmaziéres

jueves, 21 de julio de 2016

Hoy, cordando desde Lovaina

 Y resulta que nuestro bonito apartamento alquilado está sobre una preciosa floristería que es como muchas tiendas en centroeuropa: de sabor tradicional y esmero sin afectaciones. El dependiente, un señor de mediana edad, nos saludó esta mañana con púdicas preguntas corteses y una enorme sonrisa. Al salir o entrar en casa tenemos que atravesar su pequeña selva meticulosa. Ha abierto aunque es festivo aquí (la Fiesta Nacional de Bélgica). 
 Cuando bajemos veré si hay rosas blancas.

La foto no es del local, pero se le parece mucho. Ahora no tenemos tiempo. Prometo subir aquí una otro día.

martes, 12 de julio de 2016

2016, el centenario de un libro fundamental.

 A modo de colaboración con mi querida Academia de Bellas Artes del Puerto y de la conferencia que hoy impartirá mi también muy querida Profª Perez-Bustamante, publico en la columna "Encuentros en la Academia" este articulito breve.


lunes, 4 de julio de 2016

Ángel Mendoza: "cómo no recordarla"

Es verdad, la belleza verdadera lastima hasta el tuétano. Es algo que descubrí al principio de la adolescencia. Ángel Mendoza desarrolla muy bien una de esas punzadas en este poema. 

   Y es que, creo, la causa más importante de la herida de la belleza es nuestra desolada incapacidad para abarcarla o, como en este caso, retenerla.


  CREPUSCULARIO

     Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible
                      (Rilke)

La alegría de ver cómo sube hacia el sol
la flor niña que aún tiembla, memoria de mis manos.
La inquieta sensación de estar venciendo,
mientras se va perdiendo, sin embargo.

La belleza que duele, cómo no recordarla,
risa ahogada en el agua de todos los veranos,
frágil beso fugaz de lo imposible,
resplandor traicionero del ocaso.


Extraigo estos versos  del último libro del poeta (excelente, como cabía esperar de Ángel). Su título es Noviembre (Madrid, Ediciones Complutense, 2016), y la edición obedece a haber ganado un premio convocado por esa Universidad. 

Julian Merrow-Smith

sábado, 25 de junio de 2016

La siesta de José Mateos

   Una siesta muy larga... en realidad, un sueño no tan largo. La vida acaba siendo nuestra infancia; lo que viene después, un aliento más o menos dañino, querido José Mateos. Tú lo has dicho mejor y has apuntado adonde duele.






(De la recientísima edición Poesía esencial, Sevilla, Renacimiento, 2016)